domingo

MANIFIESTO EN CONTRA DE LA DIVERSIÓN / algún momento del 2009


Nos reímos para auto provocarnos el vómito. Consumimos el remedio más atroz para el alma y nuestros dientes blancos (sólo nos sale apaciguarnos de la manera que podemos, incluso sabiendo que lo mejor que hemos hecho no fue asi). ¡Si vieran lo lento que hablamos! ¡Y todos los días hablamos de lo que está mal!. Los fines de semana todo se nos potencia en el olvido con dos tragos. Sólo entre sábanas el cuerpo nos llora ideas. Nuestro Ford Falcon mental siempre tan atento a eso. Y el respeto que nos proponen solo nos cuesta dos lucas en las manos que vacían nuestros vientres. Nos divertimos, pero solo mostramos plumas y tachamos opciones. Y No olemos nada, pero que bueno esta este tema de Papo. No reflexionamos el deseo, si no se cumple o el chabón era un idiota o nosotras unas perdedoras. Tu chala, tu taco, tu tumba, ¡grandioso!. Agradecemos las molestias. Humedecemos la sal. Incidimos en el borra memoria de la buena onda que de tan buena ya es medio pelotuda como quien dice. Veinticinco mil quinientas veintidós veces sus finos labios balbucearon “boludo”. Perejiles toda la semana. El ringtone emisario del aniversario de la muerte del criterio. Industrializamos todos nuestros miedos, y ahora pretendemos boicotear la empresa en dos raquetazos. Flotar no nos resulta algo ligero. La inconsciencia de nuestras interacciones corporales con el espacio y el tiempo: la mano invisible que golpea todo, que acaricia todo, siempre del lado de la cobardía más divina, magistral, rinde ocho veces menos que otros detergentes. Tu rock, tu cumbia, tu tango, ¡idénticos!. ¡No lo entendemos! ¡Hacerlo a escondidas de papá es hacerlo con papá!. Los treinta y cinco centímetros de culote que se nos escapan son directamente proporcionales a nuestras ideas de amor. Y si, estamos re locos, así como lo decimos con orgullo. Y éstas cuatro paredes como un gran tampón se hinchan intentando contener la falsa pérdida de la libertad. Y ahora volvemos a nuestra solución acolchonada, a entregarnos al sueño ya que éste no se entrega a nosotros.